jueves, 28 de julio de 2011

Profesor de proyectos arquitectónicos

Soy arquitecto, sí, los arquitectos siempre decimos que lo somos. ¿Por qué? Porque sí, no hace falta motivo. Nos pasa como a los pilotos, no es imprescindible que haya una razón para identificarse como tales, me refiero a los pilotos de avión, claro. Esta aclaración no es necesaria entre ellos, con decir piloto basta, no hay confusión posible. Los pilotos de vespino se llaman telepizzeros, o mensakas.
Uno dice que es arquitecto y el interlocutor piensa inmediatamente en dos cosas: una, qué carrera tan difícil, esto no sólo lo piensa, también lo dice, no es para tanto, respondemos con fingida modestia; dos, la pasta que estará ganando este cabrón, esto no lo dice, sólo lo piensa. El pensamiento primero es correcto, no completamente, porque la carrera no es tan difícil, sólo hay que ser constante en el esfuerzo. El pensamiento segundo es falso. En los tiempos de bonanza ganaba más un ferralla (la jerga, luego se explica, un ferralla es el que monta las armaduras de acero para el hormigón armado, la etimología es reveladora) que un arquitecto. En los tiempos de crisis, como ocurre ahora, nos igualamos, no hay trabajo para ninguno.
A los arquitectos, aunque no lo digamos, se nos nota que lo somos. En el habla, claro. Tenemos una jerga, una mezcla de lenguaje técnico ininteligible y de soflama cultureta pseudo-intelectual. Son muchos años de carrera, y muchas las charlas que hemos soportado. La influencia es muy marcada.
Arquitectos profesores de proyectos con chaqueta de micropana con coderas, camisa nunca blanca, mirada condescendiente para con el alumnado y gesto pensativo, como de foto de Frank Lloyd Wright. Hay que sujetarse la barbilla con la mano, la zurda en los diestros y la diestra en los zurdos. En la mano dominante, la que queda libre de barbilla, la zurda en los zurdos y la diestra en los diestros, un portaminas de mina gorda y blanda, que emborrone bien. El portaminas no debe cogerse por el extremo más próximo a la mina, sino por la mitad. Lo más ‘cool’, perdóneseme el barbarismo, es llamar pastilla a un bloque y decir cubrición por cubierta. Acudí entonces al DRAE y descubrí, como me temía, que cubrición es “el acto de cubrir (el macho a la hembra)”.
Y humillar. El arquitecto profesor de proyectos que se precie debe burlarse del alumno que no es brillante. Jamás pretenderá enseñar. Sólo decir que está muy mal. Este proyecto está muy mal, si sigues por este camino encontrarás el suspenso. Cómo mejorar es un asunto que cada alumno debe resolver por sí solo. Si a lo largo del curso se produce una mejoría, entonces el arquitecto profesor de proyectos le dirá que está mucho mejor, claro, atribuyéndose el mérito. Ya te dije que si ibas por este camino la cosa mejoraría. Está también el brillante arquitecto profesor de proyectos que, confundiendo una corrección con una batalla naval, manifiesta un estentóreo ¡agua! ante la visión del croquis de un proyecto que considera fallido.
Sólo conocí un buen hombre, pese a ser arquitecto profesor de proyectos, Enrique de Teresa. Buen arquitecto, buena persona. Merece comentario aparte.
Se sufre mucho estudiando arquitectura, no porque la carrera sea muy difícil, sino por el elevado número de cretinos por metro cuadrado –incluso yo utilizo la jerga, más inteligible, eso sí-.
Soy arquitecto, y estoy en crisis. Como casi toda la profesión. Como toda España. El panorama asusta. Al menos, no soy profesor de proyectos arquitectónicos.

2 comentarios:

  1. Esta entrada me gusta. La soflama cultureta, la cubrición, la micropana con coderas.
    Y en tiempo de crisis nos igualamos.
    Como en la muerte, diría Manrique.

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  2. No hay ficción. Todo era de esa manera, al menos así es como lo recuerdo

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