El fotógrafo buscaba por todo el planeta aquellos lugares en los que el hombre y su obra conseguían integrarse plenamente en la naturaleza, sin la constante estridencia a la que la actual sociedad, tecnológica y voraz, nos tiene acostumbrados. Hasta que el azar de una edificación del norte de Europa obró el milagro de la mímesis arquitectónica, de la absoluta transparencia del hombre, del silencio del cielo vitrificado
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