Habitantes del planeta Gar-zón, decimonono de la Galaxia Gutenberg, según su proximidad a la afamada Estrella Morante. Por alguna desconocida circunstancia han llegado a nuestro planeta, colonizando profusamente entradas y salidas de juzgados y tribunales, siempre en actitud tribal, arracimados, vociferantes y pancarteados. Nadie sabe cómo han conseguido adaptarse tan rápidamente a este hábitat tan contencioso, que para los terrestres es normalmente muy hostil. Quizá en su planeta de origen abunden los gerundios y la sintaxis inescrutable, tan propios de nuestras sentencias judiciales.
No parecen ser expertos en eso que se llama mundo del motor, puesto que no entienden muy bien el contenido de los autos de los jueces de instrucción. Sus lemas, declaraciones y exabruptos nada tienen que ver con los juicios a los que asisten.
Una costumbre muy extendida es la de quitarse y ponerse la toga, cada 8 horas terrestres, o lo que es lo mismo, cada cinco minutos garzonitas, de ahí que haya quien considere que están un poco togados del ala, dada la estulticia del hecho.
Se sospecha que su saludo habitual, querido Emilio, esconde turbias intenciones. Tengan cuidado, no se fíen. Pese a su afable apariencia, lo más probable es que estemos ante una de las más mortíferas armas interplanetarias: el sablazo láser.
Extraños seres los garzonitas, predominan los de tono bermellón o bermejo, en honor a una conocida cacería de legalidad distraída, y los de gesto desencajado y belleza ausente, y son admiradores del pelo blanquecino, la voz aflautada y los 50 metros obstáculos en el acceso al lugar de trabajo, corriendo escaleras arriba frente a los medios audiovisuales, con parka o abrigo o traje y maletín.
No se conoce mucho más de estas fascinantes y misteriosas criaturas, salvo una fervorosa devoción por Nuestra Señora de la Subvención, patrona del artisteo, a quien dedican innúmeras ofrendas y oraciones. También son protagonistas de las ya célebres procesiones de la Cámara Baja, en las que anualmente demuestran su pasión por nuestro ancestral Patrón Oro.
No parecen ser expertos en eso que se llama mundo del motor, puesto que no entienden muy bien el contenido de los autos de los jueces de instrucción. Sus lemas, declaraciones y exabruptos nada tienen que ver con los juicios a los que asisten.
Una costumbre muy extendida es la de quitarse y ponerse la toga, cada 8 horas terrestres, o lo que es lo mismo, cada cinco minutos garzonitas, de ahí que haya quien considere que están un poco togados del ala, dada la estulticia del hecho.
Se sospecha que su saludo habitual, querido Emilio, esconde turbias intenciones. Tengan cuidado, no se fíen. Pese a su afable apariencia, lo más probable es que estemos ante una de las más mortíferas armas interplanetarias: el sablazo láser.
Extraños seres los garzonitas, predominan los de tono bermellón o bermejo, en honor a una conocida cacería de legalidad distraída, y los de gesto desencajado y belleza ausente, y son admiradores del pelo blanquecino, la voz aflautada y los 50 metros obstáculos en el acceso al lugar de trabajo, corriendo escaleras arriba frente a los medios audiovisuales, con parka o abrigo o traje y maletín.
No se conoce mucho más de estas fascinantes y misteriosas criaturas, salvo una fervorosa devoción por Nuestra Señora de la Subvención, patrona del artisteo, a quien dedican innúmeras ofrendas y oraciones. También son protagonistas de las ya célebres procesiones de la Cámara Baja, en las que anualmente demuestran su pasión por nuestro ancestral Patrón Oro.
te ha salido redondo
ResponderEliminarGracias, por leerlo y por el elogio.
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